Las telas de colorimetría no hacen el diagnóstico – lo hace tu criterio profesional

Las telas de colorimetría no hacen el diagnóstico – lo hace tu criterio profesional

Tener un buen set de telas de colorimetría es importante. Saber elegirlo, cuidarlo y utilizarlo correctamente también.

Existe una diferencia fundamental entre tener una herramienta profesional y saber utilizarla con criterio técnico.

Puedes tener un set completo, preciso y costoso y, aun así, no conseguir un buen diagnóstico si no sabes qué estás observando cuando colocas una tela frente al rostro.

Las telas no hacen el diagnóstico, lo hace tu criterio profesional.

Las telas son una herramienta, no un diagnóstico automático

Una tela no nos dice por sí sola cuál es la estación de una persona.

Nos permite observar, comparar y validar una hipótesis que, como asesoras, debemos saber formular previamente.

Para ello necesitamos comprender qué estamos evaluando: temperatura, valor y saturación, y cómo cada una de estas dimensiones puede modificar la respuesta que observamos en el rostro.

Cuando el ojo está entrenado, muchas veces podemos tener una primera orientación sobre la estación de una persona incluso antes de comenzar la sesión.

Las telas llegan después: nos ayudan a confirmar, profundizar y afinar esa primera observación y cuando estamos ante un caso más complejo, se convierten en una herramienta todavía más interesante, porque nos permiten jugar con diferentes variables y observar con mayor precisión qué sucede.

Pero nunca trabajan solas.

El diagnóstico empieza antes de colocar la primera tela

Una sesión de colorimetría no comienza cuando colocamos una tela frente al rostro.

Comienza con la observación, con las primeras impresiones que obtenemos al ver a nuestra clienta, con nuestro conocimiento técnico y también con las preguntas que hacemos durante la sesión.

La información que nos proporciona la clienta puede ayudarnos a comprender mejor su relación con el color: qué colores utiliza habitualmente, cuáles siente que le favorecen, cuáles evita, cómo percibe determinados cambios en su imagen o incluso qué experiencias ha tenido anteriormente.

Todo eso forma parte del diagnóstico.

Después llega el uso de las telas para contrastar esa información con lo que estamos observando. Por eso, una asesora no debería limitarse a buscar en las telas una respuesta que confirme lo que ya cree.

Debe observar, preguntar, comparar e interpretar.

El error de utilizar toda la paleta porque «es de su estación»

Otro error frecuente es pensar que, una vez identificada una estación, debemos utilizar toda su paleta para demostrar el diagnóstico.

Una sesión de colorimetría no consiste en colocar una tela detrás de otra porque todas pertenecen a la misma estación.

El descarte también forma parte del análisis.

No todas las personas responden exactamente igual a todos los colores de una paleta y no todos los colores nos aportan la misma información y sobre todo no todos los colores van con todos los estilos.

Por eso, más que preguntarnos:

«¿Qué colores pertenecen a esta estación?»

deberíamos preguntarnos:

«¿Qué está ocurriendo en el rostro de esta persona cuando introduzco este color?»

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la manera de trabajar.

Cuando la respuesta no es tan evidente

Es precisamente en los casos más complejos donde se pone a prueba el criterio profesional.

Puede aparecer una tela que no produce la respuesta que esperábamos. O dos colores que parecen funcionar de manera similar. O una persona cuya respuesta no encaja fácilmente en una clasificación inicial.

Y ahí es donde no sirve simplemente seguir colocando telas hasta encontrar una que «confirme» nuestra teoría.

Necesitamos volver a observar, comparar , hacer nuevas preguntas, revisar qué dimensión del color puede estar generando esa respuesta y utilizar las telas para obtener más información.

La herramienta nos ayuda a investigar, pero la interpretación sigue dependiendo de la profesional.

Las telas también elevan la experiencia de la clienta

Hablar del criterio técnico no significa restarle valor a las telas.

Un buen set de telas puede elevar muchísimo la experiencia de una clienta.

Esto hace visible el proceso, permite que la persona observe cómo cambia su rostro ante diferentes colores y convierte conceptos que pueden resultar abstractos en una experiencia tangible.

Además, las telas aportan una dimensión visual y profesional a la sesión que ayuda a la clienta a comprender y recordar mejor lo que estamos trabajando.

Pero precisamente por eso es importante utilizarlas bien.

La experiencia no está en tener muchas telas. Está en saber qué hacer con ellas.

Cuando la herramienta ocupa el lugar del criterio

Un set de telas puede ser impecable y estar perfectamente presentado, puede convertirse incluso en una parte muy atractiva del contenido que compartimos en redes sociales. Pero una sesión no se vuelve más profesional por tener más telas, ni un diagnóstico es mejor porque hayamos utilizado toda la paleta.

La herramienta debe estar al servicio del análisis.

Si necesitamos que una tela nos diga constantemente qué debemos pensar, todavía no estamos utilizando la herramienta desde el criterio profesional.

Cuando el ojo está entrenado, sucede algo diferente: las telas dejan de ser quienes toman las decisiones y pasan a convertirse en nuestras aliadas para confirmar, comparar y profundizar.

Tu criterio profesional debe guiar a tus telas

Esta es una de las preguntas que merece la pena hacerse como profesional:

¿Las telas están guiando tu diagnóstico o tu criterio profesional está guiando tus telas?

Un set de telas no viene con un instructivo mágico capaz de resolver cada caso particular. Necesita de una profesional que conozca la teoría del color, sepa observar, haga las preguntas adecuadas, interprete las respuestas y tome decisiones.

Las telas aportan información, la clienta aporta información y la teoría nos proporciona un marco. Pero es tu ojo, tu conocimiento técnico y tu capacidad de análisis lo que permite integrar toda esa información y convertirla en un diagnóstico.

Invertir en un buen material es importante, pero entrenar el ojo, profundizar en la teoría y desarrollar criterio profesional lo es todavía más.

Cuanto mayor sea tu conocimiento y más entrenada esté tu mirada, más útil será la herramienta que tienes entre las manos.

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